RANCID EN EL TEATRO DE FLORES


LA PRIMERA VEZ que viene a tocar una banda al país, ese primer concierto, está siempre rodeado de una mística particular y el show de Rancid no fue la excepción.

Con la impronta que tiene la banda que su desembarque sea únicamente en el festival Lollapalooza era un golpe bajo para todos sus seguidores de la vieja escuela. A no ser que la vieja escuela se haya aburguesado tanto como para no importarle ver sólo 50 minutos en un marco saturado de cliches consumistas. Por suerte, muchos fans optimistas comenzaron a agitar la idea de exigirle a los organizadores un SideShow de la banda.

El Lollapalooza al ser un festival multinacional tiene un contrato bastante estricto que impide, por ejemplo, que las bandas se presenten por fuera de esta productora dos meses antes y hasta un mes después de presentarse en el festival. Se preocupan seriamente de que nadie les vaya a joder el negocio. Seguramente fue esta filosofía la que haya determinado que el lugar del SideShow sea en el Teatro de Flores, y la que haya decidido que sea una única presentación de Rancid por fuera del festival.

El SideShow de Rancid fue el último en anunciarse públicamente, y conseguir LA ENTRADA para el mismo fue una auténtica odisea. La información en los puntos de venta era confusa, los tickets aparecían y se agotaban sin ninguna lógica, y finalmente se agotaron en solo dos días. Mucha gente seguidora de la banda se quedó sin la posibilidad de acceder al show. Este fue el punto más cuestionado sobre la organización de la fecha, y con justa razón. Tod@s sabíamos perfectamente que el Teatro de Flores a Rancid le quedaba chico.

En las redes sociales había mucha bronca, y seguramente por este motivo – además de la mala prensa que aún goza el público “punk” - es que el día del recital la Av. Rivadavia anocheció abarrotada de policías, con vallas antidistubios, un micro de infanteria, y mucho poli de civil dando vueltas por las calles. La órden era que la gente entrara por una calle trasera.

Cuando ingresamos ya estaba tocando NDI. Me demoré un poco en ir hacia el escenario, porque tuve que ir al baño. Ya veníamos con algunas cervezas encima, y los riñones estaban algo saturados. No Demuestra Interés es una banda que no había tenido la oportunidad de ver en vivo, ni en sus años de “oro”, ni en sus nuevas presentaciones. Era una buena oportunidad para depuntar el vicio y disfrutar de algunos clásicos, aunque para mi sorpresa el sonido con el que estaban saliendo era notoriamente defectuoso.

Instrumentos saturando, volumen insuficiente... como si el sistema de sonido que daba a la sala estuviera apagado o en su mínima capacidad. Me extrañó notablemente, que si era una banda soporte elegida por Rancid (al menos así trascendió por propias palabras de los NDI), la tiraran tan al muere con el sonido como lo hicieron.

A pesar de no tener a su cantante original (el que lo reemplaza lo imita bastante parecido), los clásicos son clásicos y se dejan disfrutar de todos modos. Recuerdo haber gritado especialmente con Ceguera Juvenil y con Que todo sea para bien que fue la última canción de su repertorio.

Al terminar NDI se cerró el telón y empezó a subir la ansiedad. Momento ideal para reecontrarse con viejos amigos, intercambiar unos humos, y humedecerce la garganta. De fondo, y con el sonido aún en mala calidad, podían escucharse algunos skinhead reggae's y ska's... long shot kick the bucket y these boots are made for walkingson algunos de los que recuerdo haber bailado.

Leí por ahí que fueron 40 minutos de espera, la verdad es que yo no estuve muy pendiente del reloj, y cuando iba a sacar el telefono para ver la hora... ¡se abrió el telón! Se apagaron las luces y empezó a escucharse “Never fell in love / Until I fell in love with you...” las primeras estrófas de uno de los temas más emblemáticos de la banda: Radio. No tuve tiempo de ver la hora, y la marea de gente se encargó de meterme en el medio del quilombo. 



El show fue una fiesta, mucho mosh, mucho coro hermanado... No puedo ser muy preciso sobre lo que iba aconteciendo sobre el escenario porque estuve prácticamente todo el show en la primera línea de agitamiento poguístico, lo que muchas veces me impedía ver con claridad lo que sucedía arriba del escenario.

Repasando... Matt Freeman es el puto amo de las cuatro cuerdas del punk rock, un tipo que llama al respeto desde el estilo mismo con su sola presencia.
Lars es la parte barrabrava del cuarteto. Supongo que ya le habían advertido que el público argentino corea hasta los solos de guitarra, y parecía divertirse bastante con eso.

Tim, con esa barba a lo rabino, no parece el Tim que uno recuerda, pero bueno... ahí iba y venía con sus clásicos saltitos. No estuvo tan chanta con la guitarra como en recitales que uno veía en VHS donde prácticamente tocaba tres notas y mal. Fue bastante prolijo en sus partes, lo años no vienen solos... Se bajó algunas veces del escenario para ponerle el micrófono a la gente para corear todos juntos, algo que hizo también el viernes en el festival. Me gustaría preguntarle hace cúanto que no lo escupían tanto. 

Mención aparte para el batero, Branden, que está con ellos desde el 2006, quien fue muy prolijo en su trabajo. Y para el muchacho del Hammond, que según me dijeron, se llama Kevin Bivona y es el guitarrista de The Interrupters.


Fue una lista impecable. Teniendo en cuenta que es una banda con 26 años de trayectoria, tenían el deber de repasar toda su discografía y no venir a presentar el último disco y ya. Y eso fue lo que hicieron, tocaron temas de todos los discos, y hasta un “I wanna Riot” que nunca fue editado oficialmente. Como perlita y fuera de la lista oficial Lars tocó en solitario “The Wars End”. Si me pongo en exquícito podría decir que tenía la esperanza de escuchar algún tema de Operation Ivy pero está bien, es de incoformista nomás.

Me da la sensación que bandas del estilo de Rancid se disfrutan más en lugares pequeños que en Estadios multitudinarios. En este sentido, sí creo que les quedó bien el Teatro de Flores aunque para mí percepción el sonido no fue del mejor. En el campo por momentos se perdía nitidez, sobretodo del bajo. Pero quizás haya sido solo mi sentido auditivo alterado por mi estado de emoción violenta (?). Gente que vió el show desde el primer piso del teatro me dijeron que se escuchó de diez. Así que no sé, viste como es esto de las subjetividades...

El show terminó dejándome con ganas de más. Intenté arengar, pero pareció que el ámbiente ya estaba satisfecho. Después de todo habían tocado casi una hora y media en un SideShow ganado por la propia gente.

Al otro día me levanté con todo el cuerpo cagado a palos pero nada grave, me tomé una birra en casa y escuché el Lollapalooza por la radio. Ojalá que vuelvan pronto, y esperemos que si vuelven sea en el marco de una producción más punky friendly, y que los beneficios y facilidades para acceder a la entrada no sean únicamente para la élite con Santander nosé-que-poronga. 
 
¡Larga vida a Rancid!


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